Leyendas indígenas del Area de Montaña

Leyendas indígenas del Area de Montaña

- - - NOROESTE - - Accidentes geográficos, elementos naturales y nombres de lugares - - ***'Los pétalos de la rodocrosita ***' - - Animales y Plantas - - El quirquincho ' - - Religiosas - - - FIESTA DEL NIÑO ALCALDE - - La Pachamama - - Supersticiones y creencias - - La quena - - - SIERRAS CENTRALES - - Plantas - - El quebracho colorado - - - CUYO - - Supersticiones y creencias - - Cacheuta y las aguas mágicas

NOROESTE

Accidentes geográficos, elementos naturales y nombres de lugares

Foto del camino a Laguna Brava, provincia de La Rioja, República Argentina

***'Los pétalos de la rodocrosita ***'

Tras largos días y noches de andar, el chasqui alcanzó el último tramo del camino que conducía a la morada del rey inca. Llevaba una singular ofrenda destinada al gobernante: tres gotas de sangre petrificadas, el precioso hallazgo fue recibido con mucha emotividad. En el lago Titicaca, en tiempos pasados, se había construido el templo de las acllas: las vírgenes sacerdotisas del Inti. En ese sitio se encontraban anualmente el sol y la luna para fecundar los sembrados y asistir a la sagrada elección de quien heredaría la responsabilidad de perpetuar la sangre inca. Un día el invencible guerrero Tupac Canquí se atrevió a ingresar al sagrado templo, desafiando la tradición incaica. Desde el momento en que descubrió a la bella ñusta aclla, nació su amor por ella. La sacerdotisa lo correspondió, consciente de ignorar las restricciones del Tawantinsuyo para las elegidas. Juntos, escaparon hacia el sur, buscando proteger el vientre de la aclla lleno de vida. El poder imperial bramó y destinó infortunados grupos armados a castigar a los culpables de la transgresión. Tupac Canquí y la ñusta aclla se instalaron cerca del salar de Pipando, donde tuvieron muchos hijos descendientes de los aymarás, que fundaron el pueblo diaguita. Sin embargo, jamás lograron deshacerse del hechizo de los shamanes incas. Ella falleció y su cuerpo fue sepultado en la alta cumbre de la montaña, él murió poco tiempo después, ahogado en su triste soledad. Una tarde, el chasqui andalgalá descubrió la tumba de la ñusta aclla impresionado por ver cómo florecía, en pétalos de sangre, la piedra que la cubría. Rápidamente salió del estupor y arrancó una de las rosas para ofrendar al rey inca. El jefe del imperio, aceptando con emoción la flor de la rodocrosita, perdonó a aquellos antiguos amantes furtivos. En adelante, las princesas de Tiahuanaco lucieron con orgullo trozos de la piedra rosa del inca, símbolo de paz, perdón y amor profundo.

Leyenda de los diaguitas, que ocuparon los territorios de las actuales provincias de Catamarca, La Rioja, Santiago del Estero y Tucumán.

Animales y Plantas

El quirquincho '

Cuentan que hace mucho pero mucho tiempo, el quirquincho, antes de ser un animalito era un indio telero. Era tejedor,pero casi nunca tejía, porque era muy perezoso. Preparaba el telar lentamente y con desgano; colocaba los hilos de lana y empezaba... Pero enseguida dejaba el trabajo:y decidía seguir al día siguiente. Pasaban los días y entonces se acordaba de continuar con su tejido. Se sentaba frente al telar, pasaba un hilo entre los hilos de la urdimbre y se ponía a descansar. Al rato pasaba otro hilo y. .. se quedaba medio dormido. . Y así siempre; ¡qué perezoso! Pasaba un hilo y descansaba diez... ¡Lástima!, prolijo es..., ¡pero tan haragán! decía la gente del lugar. Llegó el invierno; los primeros vientos y heladas anunciaban que iba a sor muy frío. Todos se preparaban para protegerse y fue entonces cuando el protagonista de esta historia se dio cuenta que no tenía nada de abrigo para ponerse.¡¡Qué frío! Y yo sin ningún poncho para abrigarme... dijo-. Voy a tener que tejerme uno... ¡qué le vamos a hacer! Eso significaba que tendría que estar varios días frente al telar, teje que te teje, y ya de sólo pensarlo empezaba a sentirse cansado. Pero armó la urdimbre, preparó los lizos y el peine, eligió la lana, y empezó la tarea. Al principio todo iba bien, muy bien: una pasada, otra pasada, apretar los hilos; una pasada, otra pasada, otra y otra más. Cuando había hecho ya una franja se puso a contemplarlo. ¡Qué lindo iba eso! La trama había quedado parejita, apretada. Era en realidad un tejido tan perfecto que él mismo se asombraba al verlo. Entonces pensó en descansar un ratito. Y se quedó dormido. Al poco tiempo despertó: ¡qué frío hacía! No tenía más remedio que seguir tejiendo... Una pasada, otra pasada. Una pasada, una más y otra, y otra... No había alcanzado a hacer otra franja cuando ¡seguro!: ya estaba cansado. Pero el frío era cada vez más intenso, así que no había tiempo para descansar. Tengo que terminarlo,o me voy a congelar! Con gran desaliento miró todo lo que le faltaba por hacer. ¡No termino más!, ¡y hace frío! Así fue que decidió continuar, pero como quería terminar pronto empezó a hacer la trama del tejido muy floja. De esta manera le rendía más el trabajo. Una pasada, una descansada; una pasada, una descansada...¡Y todavía le faltaban muchas franjas para terminar el poncho! Entonces tomó hilos mucho más gruesos que los que estaba utilizando y menos retorcidos y siguió con su tarea. Claro que de esa manera la trama quedaba cada vez más abierta. Si sigo así no me va a abrigar nada, se dijo. Y haciendo un gran esfuerzo de voluntad continuó el tejido cada vez más y más apretado hasta terminar el poncho con franjas parejitas y con la misma prolijidad con que comenzó. ¡Y al fin terminó y se puso el poncho que tanto trabajo le había dado! Todo el tiempo que se pasó haciendo el poncho estuvo el dios de esas regiones observándolo. Y desde arriba movía la cabeza, de izquierda a derecha, de derecha a izquierda: ¡Malo!, pensó, no tiene condiciones para ser hombre. Con tan poca voluntad para el trabajo, el pobre se va a morir de hambre. Lo voy a transformar en animalito, así podrá arreglárselas mejor. Y así: lo convirtió en quirquincho. Su poncho se hizo caparazón para protegerlo de las inclemencias del tiempo. Un caparazón que tiene en los extremos las placas apretaditas y en el centro grandes y separadas. Como la trama del tejido de su famoso poncho.

Leyenda adaptada de la versión extraída de Garrido de Rodriguez, Nelli: Leyendas Argentinas. Editorial Plus Ultra. Bs. As, 1985

Religiosas

El Niño Alcalde====

Se cuenta que San Francisco Solano salió un día con la cruz y el violín a recorrer caminos, y encontró en un pajal, una hermosa imagen del Niño Dios, que le sonreía al mirarlo. Lo levantó y con todo cuidado lo llevó a su casa. Al poco tiempo le dieron la noticia de que miles de indios, de diferentes tribus, venían hacia la ciudad de La Rioja para destruirla. Tomó al Niño Dios y al violín y se dirigió a la quebrada de Los Sauces a esperarlos, se sentó, colocó al Niño Dios a su lado, y se puso a tocar una melodía con su violín. Las notas de la canción atravesaron las laderas de los cerros a través de las solitarias cumbres. Era una música suave, melancólica , y tan triste ..., que se oía a gran distancia. Hasta los pájaros habían callado ante el embrujo de aquellas notas. Llegaron los indios, avanzando muy despacio, para no quebrar aquel encanto. Se detuvieron lejos del Santo y poco apoco se fueron acercando hasta tocarlo. El Santo siguió con su melodía. embelesándolos. Y cuando vio que con su arte había ganado el respeto de los indígenas, dejó de tocar y levantando al Niño Dios sobre sus hombros, les explicó lo que representaba y pidió iu nombramiento como alcalde, es decir de gobernador de la ciudad, a quien debían obedecer en sus mandatos, y dicen que desde entonces lleva el nombre de NIÑO ALCALDE. Se cuenta que San Francisco Solano ese día bautizó a nueve mil indios, y que los restantes volvieron en paz a sus tiendas, con la promesa de no alzarse nunca contra el Niño Dios. Esta leyenda es del Noroeste (La Rioja, Catamarca, Tucumán, Salta y Jujuy)

FIESTA DEL NIÑO ALCALDE

Nombre popular con que es conocido: Tincunaco o Encuentro Provincia: La Rioja Fecha de iniciación: 31 de diciembre Tiempo de duración: 4 días. Culmina el 3 de enero Descripción: Los participantes en esta ceremonia s dividen en allis (hombres buenos de pueblo) y alféreces. Una procesión lleva al Niño Jesús llamado en ese día el Alcalde del Mundo. Otra procesión se encarga de San Nicolás de Bari. Al mediodía se produce el tincunaco o sea el encuentro de ambas procesiones. San Nicolás hace tres reverencias al Alcalde delMundo y los allisentonan un canto tradicional. Después el Niño Alcalde entra en la Catedral, donde permanece tres días. El 3 de enero, frente a la Casa de Gobierno, San Nicolás despide al Niño Alcalde. Este es llevado al convento de San Francisco y la imagen de San Francisco regresa a la Catedral. Trajes , adornos y disfraces: El traje de los alféreces se caracteriza porque sobre el traje civil común lleva una banda sobre el pecho y la espalda del hombro izquierdo al derecho. Cada uno lleva una pica o lanza adornada. Los alli llevan una especie de escapulario que les cubre pecho y parte de la espalda, adornado con dijes y espejitos. En la frente, una vincha de la que penden hacia atrás cintas coloreadas. Canciones tradicionales: Cantos indígenas de origen remoto entre los que se destaca el Año Nuevo Pacaría entonado por los allis durante el Tincunaco (encuentro) de las imágenes.

La Pachamama

Cuando los españoles llegaron al Cuzco y penetraron en el noroeste argentino, en los territorios diaguitas que se extendían desde La Rioja hasta Salta, tomando partes montañosas de San Juan y Mendoza, encontraron que los nativos tenían sus dioses a quienes veneraban y rendían culto. Muchas de estas divinidades se perdieron en el transcurso de los siglos, pero otras han quedado en la creencia de los cerreros, formando su patrimonio espiritual, sin olvidar, por cierto, el culto cristiano. Y pasan de una generación a otra en el pequeño mundo pastoril en que desenvuelven su existencia, redivivos y protectores. De estos, la Pachamama es la divinidad más importante del mundo andino. Es la madre tierra. La diosa de la fecundidad y de la producción, venerada por el montañés en todo el noroeste argentino, anterior al incanato. Tiene diversos aspectos para la gente del pueblo, pero en general la representan como una bella mujer, alta y fuerte, de tez morena, con pómulos salientes. Huraña y esquiva que se deja ver muy poco. Habita las montañas y preside sus misterios. Otras veces la simbolizan como una vieja astrosa y miserable, con los ojos como dos brasas encendidas en las profundidades de sus órbitas. Son figuras que adopta según las circunstancias y las exigencias del momento, cuando ella se corporiza para casti¬gar o advertir una mala acción. No hay cerrero que no la invoque en los momentos de peligro, de angustia; o no pida su protección o su favor para cualquier labor campera que inicie. Porque la Pachamama para él, es la diosa que guía, ayuda, protege y también condena, pues tiene poderes del mal y del bien. Premia al que trabaja y castiga al que pretende sacar sin esfuerzo, frutos de la tierra. Persigue al cazador que va en pos de guanacos y vicuñas por el gusto de matar; pena al minero que quiere enriquecerse en poco tiempo, valiéndose de medios ilícitos, como el que llega por primera vez a sus dominios y escala los cerros en procura de vetas de oro. Por eso es que en los altos caminos de las montañás, en los senderos, en las encrucijadas, en los lugares de descanso, por donde el hombre trajina con sus animales, se encuentran montículos de piedras que son ofrendas a Pachamama. Son las famosas apachetas, altares de Pachamama, formadas por piedras, con acuyicos, con puchos de cigarros, con monedas, con pedazos de géneros que los collas arrojan como tributo mientras rezan sus oraciones. Con ello piden un buen viaje; encontrar el rebaño desaparecido esa noche ; que el daño no ande por el chiquero mientras ellos están ausentes. Toda la invocación se relaciona con la vida pastoril del montañés. Pero no solo el amparo piden los habitantes de las montañas a la diosa Pachamama, también la invocan solicitándole un buen multiplico. Y esto lo hacen en la marcación de la hacienda, del cabrío y del lanar. Una vez al año se realiza la señalada. Se fija fecha y se lleva a cabo la gran fiesta, que en ciertas regiones es la más importante del año. Con anticipación se prepara chicha y se hace acopio de coca, cigarros y aguardiente para invitar a la concurrencia. Cuando todos están reunidos la dueña de la hacienda elige dos cabríos macho y hembra, y hace la pantomima de una ceremonia de casamiento, haciéndoles beber a los animales aguardiente y llenándolos de ramilletes de flores prendidas en la cabeza. Luego comienza con la señalada. Le corta un pedacito de oreja a cada animal y sigue con todo el rebaño, tirando lo que ha cortado a un poncho abierto tendido en el suelo. Cuando termina de señalar cierra el poncho, lo echa al hombro, y seguida por toda la concurrencia se encamina hacia una apacheta o cava un hoyo en tierra y allí arroja todos los pedacitos de orejas cortadas, juntamente con hojas de coca rociadas con aguardiente, como ofrenda a Pachamama por todos los favores recibidos y por un próximo y abundante multiplico. Las primeras gotas de sangre en las carneadas, son recogidas con el cuchillo y arrojadas hacia los cerros, como ofrenda a Pachamama. Las primeras gotas de aguardiente o de chicha o de vino que se está por beber, son volcadas al suelo como ofrenda a la diosa tierra. Los viejos pobladores de algunos lugares de Tinogasta, departamento de la provincia de Catamarca, cuando tienen que emprender un viaje y penetrar en la cordillera, dicen la siguiente oración: "Pachamama, Santa Tierra, cusiya, cusiya, tumana, que sea lindo el día de hoy y de mañana. Quítate mal tiempo. Componete cordillera. Así es este culto que está tan arraigado entre la gente que vive en la soledad de los cerros y que son católicos creyentes, pero a la par que invocan a Dios y a la Virgen, le piden a Pachamama su protección y su beneplácito. El Inca Garcilaso de la Vega, en sus "Comentarios reales", nos cuenta de esta diosa indígena y de sus altares de invocación. Adán Quiroga, en "Folklore calchaquí", dice: "Las primicias son siempre para esta divinidad, pródiga en retribuciones: si se siembra hay que depositar el primer grano en tierra en su nombre; si se carnea, hay que arrojar al suelo, la primera entraña de la res; si se bebe hay que derramar una porción de líquido antes de hacerlo; si se come, igual cosa hay que hacer con el alimento; lo mismo si se coquea; si se viaja y se da con la apacheta del camino hay que arrojar sobre ella el acuyico, hojas de coca, gajitos de árbol, pedazos de palo, el cigarro que se fuma, un trapo o cualquier otra cosa". Y Antonio de la Torre, en su libro "Del Zonda al Aconquija", nos dice: "Según las referencias escritas y las confusas expresiones orales que conocemos, es muy difícil averiguar los alcances precisos de la concepción de la diosa Pachamama, que a veces participa de las cualidades de la divinidad adorada por el Perú, con el mismo nombre, y otras, de la de Pachamama, ser supremo, espíritu creador de la vida, inclusive del sol, concebido también por los incas". Lo cierto es que esta deidad es invocada en todos los actos pastoriles que el hombre montañés realiza desde que despunta el sol hasta que se pone incendiando los cerros. Y está tan enraizada en sus creencias que teme no cumplir con los rituales y las ofrendas. Los collas del altiplano de la provincia de Jujuy, festejan a la Pachamama todos los años, el primero de agosto, haciendo la Corpachada., una práctica ritual, la más solemne de las que se realizan en la Puna y en la Quebrada de Humahuaca.

Esta leyenda es del Noroeste (La Rioja, Catamarca, Tucumán, Salta y Jujuy),

Supersticiones y creencias

La quena

A esta especie de flauta americana se la construye actualmente de caña, aunque antiguamente podía ser también de hueso, arcilla o metal. La típica quena incaica era de veinte centímetros de largo y construída del hueso de la pata de la llama. Las quenas de los pueblos de la Puna están hechas de la canilla del cóndor o del guanaco. Llevan seis agujeros en línea recta, en la parte anterior.

La leyenda cuenta que en remotos tiempos, las vírgenes del sol recogían la lana suave de la vicuña para tejer los mantos sagrados. Se reunían e iban en grupos a los mercados indígenas y allí elegían los más hermosos vellones. A una de estas visitas fue también la hija del gran curaca. Caminaban por un sendero que se extendía por pequeñas lomadas antes de llegar a destino. De pronto, desde un altozano, llegó el sonido de una flauta que sólo la hija del curaca oía. ´Se detuvo la jovencita y luego, como en sueños, caminó lentamente hacia el tañedor de esa flauta misteriosa. Era un pastor de llamas, que mientras pacían tranquilamente sus animales, hacía sonar su instrumento. Se enamoraron, porque los dos se presentían en sus silencios. Pero la diferencia social que existía entre los dos hacía difícil los encuentros, y sólo se veían cuando él la llamaba con su flauta, tocando aquella canción que ella escuchó por primera vez. Una tarde la ñusta no llegó al lugar de los encuentros. El pastor hizo sonar muchas veces su flauta llamándola, pero en vano: los crepúsculos morían en la soledad de los cerros. Y con la duda del olvido en su pecho, bajó al pueblo para averiguar la causa de la ausencia. La aldea se hallaba de fiesta. Y ¡oh! ¡Sorpresa! La mujer que él amaba se casaba con el hijo del curaca del pueblo vecino, enemigo del padre de la muchacha. Había llegado el novio con su séquito de guerra y de abundantes regalos. Los pobladores miraban asombrados todas aquellas riquezas, pero con indiferencia. Cuando buscaron a la novia para que recibiera al acaudalado caballero, no la encontraron. Había desaparecido como si Pachamama la hubiera tragado. En vano la buscaron todos. Se pensó que el padre no quería casarla con el hijo de su enemigo. Entonces hubo amenazas y el pueblo que amaba a su Señor, se volcó por senderos y lugares mas escondidos en busca de la novia. Llegaron hasta las aldeas más apartadas y no la hallaron. Y una tarde, la encontraron muerta en el lugar donde siempre se reunían con el pastor de llamas. Pasó el tiempo sobre una tumba que todas las mañanas se veía cubierta de flores silvestres, pero un día la hallaron profanada. El pastor, enloquecido, había sacado de los restos de la ñusta el hueso de una pierna y huyó para la soledad de los timos. Y con él hizo una flauta que sonaba más dulce que ninguna. Y todos los atardeceres, sentado ante la inmensidad de las cumbres, tocaba su flauta como en los tiempos idos, llamando a la mujer que no olvidaba. Por eso dicen que la quena es tan suave y melancólica, porque nació del dolor del amor.

SIERRAS CENTRALES

Plantas

El quebracho colorado

Este árbol se defiende a flechazos de la persecución del hombre. Cuenta la leyenda indígena que el quebracho era tan perseguido por el hombre que un día se presentó ante supay en busca de protección. Supay le dijo que le otorgaría el poder de la venganza para castigarlo y le dijo que cada vez que el hombre se acercara para dañarlo, que dejara caer las babas que desde ese momento le daría, las que le producirían llagas y ronchas difíciles de curar.. Y desde entonces el quebracho larga sus babas invisibles contra el hombre que prepara su hacha para golpearlo.

Este árbol pertenece a la familia de las anarcadeáceas y su nombre científico es schinopsis lorentzii. ¿De dónde proviene su nombre quebracho? Le viene de su tremenda dureza, de quiebra hacha. Se lo encuentra en los bosques de Santiago del Estero, Córdoba, norte de Chaco, y se extiende hasta Jujuy, Formosa y la Mesopotamia. Su raíz es tan profunda que le permite mantenerse frondoso en suelos enteramente ácidos y resistir fuertes vientos.. Su tronco es recto y voluminoso y de madera color rojo oscuro. Alcanza una altura de 20 22 metros.. Su follaje es verde oscuro. Sus flores pequeñas, blanco verdosas se agrupan en panojas y tienen un perfume que resulta alergógeno para algunas personas. Los indígenas ya conocían esas propiedades alergógenas por lo que pensaban que para impedir esos flechazos era necesario hacerse amigo del árbol. y saludarlo ceremoniosamente. Cuando el quebracho ya lo había flechado, el indígena hacía una tortilla de ceniza y la colocaba en la parte más alta del árbol y la ataba con un hilo colorado, como símbolo de amistad y le rogaba que le sacara la enfermedad que le había producido. Los indígenas le daban el nombre de paj.

CUYO

Supersticiones y creencias

Cacheuta y las aguas mágicas

Lo que se cuenta sucedió en el año 1532. Unos hombres llegaron y colocaron detrás de las casas unos aparatos. ¡Eran cañones! Pero los indios no lo sabían. También asustaban un poco los caballos que traían los blancos y que ellos tampoco habían visto antes. Todo el pueblo estaba reunido frente a la plaza. Y los soldados y los altos jefes indios haciendo guardia de honor para que pasara Atahualpa, el emperador de los incas. Recibirá allí mismo a Pizarro, el jefe blanco, y a su gente para saber qué querían en sus tierras. Atahualpa no quiso rendirse a los extraños y los blancos lo atacaron. Todo el pueblo estaba aterrorizado. El estruendo era terrible. Retumbaban en la plaza los cañones y las otras armas de fuero. Era tanto el ruido que parecía que la tierra iba a estallar. Atahualpa fue hecho prisionero. Encerraron a Atahualpa en una habitación, y, desde ese momento, lo único que deseó el jefe de los incas fue recuperar su libertad para defender sus dominios. ¡Pero no sabía cómo! ¡Imposible escapar de allí! Por eso, un día que Pizarro fue a visitarlo le dijo: -Si me dejas en libertad cubriré con oro el piso de esta habitación, y te lo daré. Pizarro no podría creer que hubiera tanto oro, y se quedó mudo de asombro. Atahualpa pensó que le parecía poco. Entonces señaló con la mano la pared, hasta aquí. No, más arriba de su cabeza: ¡hasta aquí! Y levantando su mano todo lo que pudo, dijo: -Llenaré este cuarto de oro, hasta esta marca que aquí hago. Pizarro no lo podía creer. ¡Toda una habitación llena de oro! ¿Es que los incas tendrían tanto? ¿Sería verdad? -Está bien, dijo-; si me das todo ese oro te dejaré en libertad. -Entonces Atahualpa mandó mensajes a todas partes. A todos sus vasallos. Hacia el norte. Hacia el sur. Hacia el este y el oeste. -Hay que reunir todo el oro que sea posible. Hay que traerlo de todos lados. Todo el oro, todas las cosas de oro, decía el mensaje. -¡Todo el oro de los incas para salvar al Hijo del Sol!

Y los mensajeros corrieron, corrieron. Atravesaron ríos, subieron y bajaron montañas. Y volvieron a subir. Y volvieron a bajar. Oro, oro para libertar al emperador. Los mensajeros llegaron a todos lados, y también a las tierras donde gobernaba el cacique Cacheuta, los valles de las montañas altas, donde ahora se encuentra Mendoza. Y Cacheuta, que quería mucho a su soberano, rápidamente empezó a reunir todo el oro que había en el valle. Y no solo Cacheuta. Todos los habitantes del lugar buscaron los objetos de oro, las piedras con oro, los cachorros, los adornos y cuanta cosa hubiera del rico metal, para enviársela al prisionero. Luego lo puso todo en unas grandes bolsas de cuero y cargó un montón de llamas con ellas. Cacheuta reunió as sus mejores guerreros, a los más altos jefes y a los más fieles vasallos. Y poniéndose él mismo al frente del grupo inició la marcha rumbo al Perú. Los blancos no esperaron que llegara el oro, y mataron a Atahualpa. Pero como se enteraron que Cacheuta iba caminando al Perú con su preciosa carga, un grupo de blancos fue a esperarlo. Muy poco camino había recorrido Cacheuta cuando alcanzó a ver a los blancos escondidos. Cacheuta adivinó lo que querían, y rápidamente dio la orden: -¡ A esconder el oro! -La orden fue cumplida, y cuando los blancos atacaron no había una sola bolsa de cuero sobre las llamas. -¡La lucha fue terrible! Resonaba en las montaña el estallido de las armas de fuego. Los indios no podían defenderse con sus lanzas y cuchillos. Uno de los primeros en caer fue el cacique Cacheuta. Pero lo que le contaron después al indiecito Illapa fue realmente maravilloso. Algo de casi no creer. Cuando terminó la lucha, los blancos fueron a buscar el oro. Buscaban por aquí, buscaban por allá. Pero nada, nada. ¡No podían encontrarlo! ¿Dónde estaba el oro? ¿Dónde? Los indios lo habían escondido muy bien. Siguieron buscando, revolviendo y revolviendo las piedras. ¡Hasta que lo encontraron! ¡Allí estaba! ¡El codiciado oro! ¡Y cuánto, cuánto era! Pero cuando fueron a tomarlo con sus manos, grandes chorros de agua brotaron como por arte de magia. ¡Agua! ¿Sí, agua caliente, bien caliente! Los blancos huyeron asustadísimos, para no quemarse de arriba abajo. Dicen que fue el espíritu de Cacheuta, que, ayudado por el dios Inti, convirtió el oro en agua. Un agua calentita, calentita, con el color maravilloso que le dio su padre el Sol. Y más valioso que el mismo oro, porque cura muchas enfermedades.

Para los lugareños, estas aguas son el símbolo de la solidaridad humana, simbolizan la hermandad de los pueblos por su libertad. Desde entonces, se brindan generosas a los que se bañan en ellas para cuidar sus males..

Leyenda de origen quechua .} Versión adaptada.

¿Qué sucedió realmente con Atahualpa? Pizarro realmente recibió gran cantidad de oro y plata pero consideró que dejar a Atahualpa en libertad era un verdadero peligro para España en la conquista del Perú. Entonces urdió una intriga de alzamiento indígena fomentada por Atahualpa desde la prisión. Se lo juzgó y se lo condenó a muerte en la plaza de Cajamarca, en 1533. De su prisión y del oro que el imperio envió para su libertad, se siguen contando leyendas...


 
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