Leyendas indígenas

Leyendas indígenas

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SUBREGION DE LA PAMPA

Históricas

La Maldonado

Esta leyenda es una de las más antiguas de Buenos Aires. Se origina en la época de la primera fundación realizada por don Pedro de Mendoza, cuando nuestra capital no era más que un grupo de chozas, y los españoles desembarcados de los barcos la habitaban agitándose entre la miseria, el hambre y las enfermedades. Don Pedro de Mendoza había reclutado en su recorrido por Cádiz y por San Lúcar de Barrameda para emprender aquella nueva aventura. Un viaje a lo incierto, empujados por la ambición del oro, del enriquecimiento rápido y también de la aventura. Gente desesperanzada, renegados, ricos venidos a menos, con las esperanzas de obtener nuevas fortunas, cuando no hambrientos. Esto era la base del contingente que pudo reunir este capitán. Esta expedición estaba constituída entonces por un grupo de hambrientos donde estaban mezclados franciscanos y ladrones, escribanos y marineros, escuderos y estudiantes, asesinos y soldados. Entre ellos se contaba un hermano de leche del emperador Carlos V y un hermano de Santa Teresa de Jesús. Con esta gente se fundó, por primera vez Buenos Aires el 22 de febrero de 1536, encerrada dentro de una empalizada que frenaba indios y fieras. Para los grandes capitanes era una avanzada de la civilización, pero para los que vinieron y estaban prisioneros en medio de la inmensidad salvaje, era una tumba de desesperanzados. Muy lejos estaba el centro, la metrópoli de donde habían venido, como para recurrir en caso de peligro. Todo estaba echado a la suerte y a la mano de Dios. Y no tardaron en llegar el hambre y las enfermedades. No había qué comer, y los indios, que al principio se mostraron comprensivos y obsequiosos trayéndoles víveres, se tornaron agresivos y peligrosos, y sólo esperaban el momento oportuno para atacar y echar al mar a los intrusos que se habían apoderado de sus tierras. Los hombres se embriagaban, porque era la forma de olvidarse de ellos mismos., volvieron peleadores e iracundos; por un "quítame de aquí es pajas" se enfrentaba en lucha a muerte. Las pocas mujeres que habían venido en la expedición eran madres, esposas, amantes, enfermeras y esclavas. Y finalmente llegó la viruela y sembró la muerte. Todo era desolación, hambre y dolor. Afuera, la indiada que no dejaba salir a nadie de aquella jaula de palo; en cuanto se atrevían a hacerlo, se cubría el cielo de flechas. Este era el cuadro que presentaba el primer grupo de conquistadores que fundaron Santa María de los Buenos Aires, cuando se produjo un hecho insólito, protagonizado por una mujer: la Maldonado. Una mujer humilde recogida en los muelles de San Lúcar de Barrameda, que enloqueció del ver tanto horror, Dando gritos de espanto salió corriendo hacia la empalizada; abrió la tranquera y tomó camino de la pampa. No pasó mucho tiempo sin que dos soldados, exponiéndose a las flechas de los indios, salieran en su persecución. La atraparon y sin ningún miramiento la llevaron donde estaba el "dueño y señor" de aquella población. El castigo no se hizo esperar: El capitán pidió que la llevasen en seguida hasta la primera corriente, la ataran semidesnuda a un árbol para que las alimañas se saciaran con sus carnes maldecidas. La orden se cumple, y la Maldonado, despojada de sus ropas, es conducida hasta la orilla de un arroyo de sucias aguas, donde es amarrada a un árbol. Allí la dejaron para pasto de las fieras. La noche llegó cargada de sombras y de miedo. El viento comenzó a soplar y hacía mucho frío, Las carnes de la infortunada muchacha se endurecían y se amorataban, y para mal de ella, una llovizna helada que empezó a caer la caló hasta los huesos. Todo estaba perdido. Por un lado sus propios compañeros, que la habían abandonado, y por el otro, estaban los indígenas y las fieras, que en cualquier momento darían un zarpazo mortal. Se abandonó a su destino, implorando que Dios la llevara cuanto antes. A la mañana siguiente, cuando los soldados fueron para dar sepultura a sus restos, comprobaron que .estaba intacta; que nadie había tocado su cuerpo y que una tigresa con sus cachorros, a la que la Maldonado la ayudara a parir, estaba echada a sus pies, como queriéndole dar calor. Pusieron el hecho en conocimiento de don Pedro de Mendoza, quien personalmente quiso comprobar aquel extraño episodio. Al verla ordenó que la libertaran de las ataduras y la llevaran al fuerte con todo cuidado. Así se salvó la Maldonado de una muerte terrible. Y el arroyo, a cuya orilla estuvo atada, lleva, desde entonces, su nombre.

Esta leyenda es de la Región del Este (Entre Ríos y Buenos Aires). Versión adaptada del relato que figura en Leyendas de Nuestra Tierra de Carlos Villafuerte. Editorial Corregidor. Bs.As. 2002

El arroyo Maldonado era uno de los límites naturales de la ciudad, antes de que se incorporaran los entonces pueblos de Belgrano y Flores. Se convertió luego en un depósito de basuras y desperdicios. Cuando llovía, recibía el agua de una gran superficie de terrenos, del que era desagüe natural, y se transformaba en una enorme laguna de agua sucia, por ello era pintoresco pero muy temido por sus desbordes y por ese motivo los terrenos adyacentes a él quedaban desvalorizados. Las autoridades decidieron que el arroyo sería entubado, como solución definitiva para los múltiples problemas que ocasionaba su curso a través de una ciudad que se extendía cada vez más 'tierra adentro'. En el año 1929 se comenzó a trabajar en las excavaciones. Luego de este importante trabajo, que ocupó centenares de obreros y máquinas que fueron traídas del exterior, se emprendió la segunda etapa: un verdadero alarde de ingeniería que consistía en levantar columnas destinadas a soportar una losa gigantesca. Fue la obra de más trascendencia que fuera realizada en esa época en la Capital, fue proyectada por Obras Sanitarias dela Nación, como parte integrante de un amplio plan de desagües pluviales de la metrópoli. Luego de entubado el arroyo, se construye sobre él una amplia calle - primero de tierra - y en el año 1936 se resuelve construir la actual Juan B. Justo. Bajo ésta corre entubado el arroyo, y en su trayecto por la ciudad, cruza los barrios de Liniers, Villa Luro, Velez Sarsfield, Santa Rita, Villa General Mitre, Villa Crespo y Palermo." - Información obtenida de los posters desplegables realizados en el marco del Programa "Patrimonio de los Barrios: Ningún futuro sin pasado", desarrollado por la Dirección General de Patrimonio, en el año 2004. Fragmentos del libro: "Historia y leyenda del arroyo Maldonado" Cuadernos de Buenos Aires XXXVIII. Diego A. Del Pino . Setiembre 1971 -.

SUBREGION DE CHACO

Plantas

El palo santo

Hace muchísimos años, un joven llamado Cosakait, que era muy apuesto y virtuoso., se enamoró de una joven pero no fue correspondido. Finalmente se enfermó de tristeza y murió. En su lecho de enfermo pedía que viniera su amada pero ella nunca se presentó. Antes de morir dijo que el dios Yago lo llamaba pero que él iba a estar siempre con su amada, adornando su cabellera con perfumadas flores, ahuyentando insectos de su lado y perfumando el agua.. Luego de sepultarlo, todos observaron con asombro que surgía un árbol, al que llamaron cosakait, apreciado por sus aromáticas flores y perfumada madera. Profundamente apenado por el dolor del joven, el dios le concedió vida eterna en aquel árbol que luego se expandió por toda la selva, cumpliendo con las promesas del enamorado.

Los tobas denominan cosakait al palo santo y lo consideran un árbol venerable por su nobleza.

Esta es una leyenda toba .

El árbol: De unos 18 metros de altura, es un árbol mediano con copa de hojas pequeñas bifoliadas, gran cantidad ramas, y frutos en forma de cápsula color verde oscuro. Nativo del Norte Argentino y Bolivia. La madera: Es una madera muy dura y pesada, con un peso específico de 1.3. De color verdoso con vetas castaño claro bien marcadas, lo que la hace muy agradable a la vista, también desprende un agradable aroma. Es una madera de extraordinaria resistencia y durabilidad, resiste muy bien a la intemperie y al desgaste por rozamiento. Son clásicos los mates, ceniceros, vasos y adornos de Palo Santo ya que es una madera muy vistosa y duradera. También se la utiliza para ciertos instrumentos musicales, mueblería de lujo, y otros trabajos que requieran excelente terminación y durabilidad.

SUBREGION DE PATAGONIA

De animales

La leyenda de la ballena

Hace muchos años atrás, la ballena no vivía en el mar sino en la tierra, entre los tehuelches. Andaba de un lado a otro, pastando, y al ser tan gorda, no podía recostarse contra un arbusto sin triturarlo. Pero el problema mayor de Goos fue otro. Entre los tehuelches desaparecían las cosas, las plantas, los animales, la gente. Zorros, maras, peludos, los quillangos de piel de guanaco, los perros con que los indios cazaban, un árbol con su raíz, una bandada de flamencos, se evaporaban sin explicación. Lo mismo ocurría con las personas, grandes y chicas, familias enteras, atareadas en coser sus taparrabos o a punto de almorzar tranquilamente sus huevos de ñandú, desaparecían en el aire. Los tehuelches le pidieron ayuda a Elal. Y el héroe Elal descubrió que Goos cuando bostezaba se tragaba cualquier cosa que estuviera cerca. Su bocaza funcionaba como una aspiradora. El misterio estaba aclarado, ¿pero cómo recuperar todo lo que había en la panza? Elal urdió un magnífico plan: se convirtió en tabano. Aprovechando un bostezo se metió dentro de la ballena. Estaba oscuro. El héroe clavó su agijón en la garganta de Gooss, tantas veces que la molestia la hizo carraspear. Entonces la ballena expulsó a todos sus ocupantes, incluido Elal. Sal Así fue como recuperaron la libertad las maras, los zorrinos olorosos, los ñandúes, las árboles con sus raíces y los indios con sus adornos de plumas, sus quillangos, sus boleadoras, sus mocasines. Elal pensó que el mejor lugar para la ballena no era la tierra sino el agua y decidió mudarla al mar. Transformó sus patas en un par de aletas y la mandó a vivir en el oceano, con orden de no tragar nada que fuera más grande que un huevo de langostino enano. Por eso ahora ella se alimenta sólo de cosas minúsculas. A Goos le gusta el mar. Está mucho más cómoda, y sobre todo más fresca, aunque no bajó mucho de peso.... El territorio donde vivían los tehuelches quedó bastante pelado. Esto se debe a que la ballena anduvo largo tiempo arrastrando la barriga por ahí. Pero igual es lindo así, liso

Adaptación de una leyenda tehuelche: Nota: Elal era un héroe sagrado para los tehuelches y para otros pueblos cercanos. Les enseñaba secretos, el misterio del fuego y como cazar animales para alimentarse

De plantas

El Pehuen

El pehuén es árbol que sustentó la vida Indígena araucana. Los pehuenches, tribu de Arauco, tomaron su nombre precisamente del árbol, del pehuén o pino patagónico o araucaria, cuyo nombre científico es "araucariaimbricata", de la familia de las taxáceas, indígena de Neuquén, que vive de los 1.000 a' los 2.000 metros de altura sobre el nivel del mar. Alcanza su desarrollo hasta unos 30 metros de altura, y hay algunos ejemplares que llegaron a los 50 metros. Su crecimiento es lento. Su tronco es recto, cilíndrico, de corteza gris oscura, a-grietada, y de ramas horizontales. Es buena madera para la construcción, y da una fruta comestible, dulce. Este árbol, lo mismo que el algarrobo para los naturales del noroeste argentino, ha dado a la raza nativa pan y vino. En los días de invierno cuando al araucano le faltaba la caza del guanaco, del avestruz o del huemul, tenía como reserva las pinas del pehuén. Las cocinaba, hirviéndolas y las comía calientes, tostándolas y también hacían guisados. Es el símbolo de Neuquén. Casi se podría decir: su marca registrada, aunque sólo una porción de la provincia está cubierta por ellas. Su distinción del resto de las especies árboreas y vegetales que cubren la Patagonia la hacen reconocida en donde se la vea.

Sobreviven en un pequeñísimo puñado de sitios en el mundo, pero solas, contra el viento y el frío, las araucarias han sabido adaptarse a este territorio y ganarse, por supuesto, un lugar. Allí, donde sólo los arbustos más duros pueden resistir los crudos inviernos, estas especies siguen creciendo. La zona en donde se encuentra la mayoría de estos bosques se llame Villa Pehuenia.

Los bosques de araucaria crecen a más de 1.000 metros sobre el nivel del mar, entre el lago Caviahue y el norte del lago Lolog, a ambos lados de la cordillera. Su crecimiento es lentísimo, pero puede llegar a alcanzar alturas de hasta 40 metros. No sería raro que algún pehuén que alimentó a aquellos antiguos araucanos todavía esté en pie, porque una araucaria puede lograr vivir de 500 a 1.000 años. Incluso, algunos de los ejemplares más antiguos de Sudamérica tienen 3.000 años.

Y, a diferencia de otros vegetales, cualquiera podría reconocer fácilmente en esta especie al macho de la hembra: el pehuén masculino tiene 5 o 6 ramas que sobresalen de la copa. Son esos que se ven dirigirse, largos, hacia arriba. El femenino, conocido como piñonera, da una piña cada dos años. La madera del pehuén es de excelente calidad, pero su explotación está limitada dada la rareza de la especie. De hecho, en 1941 la provincia de Neuquén creó el Parque Caviahue-Copahue para proteger los bosques de pehuenes y araucarias, atractivos característicos de la región.

La leyenda

Hace muchísimo tiempo, los araucanos pasaron por un período de muchas necesidades. Él hambre castigaba a todas las tribus. Y los que más sufrían eran los niños y los viejos. Entonces, en reunión de jefes, resolvieron enviar hacia los cuatro vientos, por distintos caminos, a los jóvenes más fuertes para que buscaran alimentos -vegetal o animal y volvieran con lo necesario para salvar a las tribus. Pasaron los días y comenzaron a regresar los enviados con las manos vacías. Faltaba tan sólo uno, el más vigoroso y hábil. Tardaba y no llegaba. Las esperanzas se iban desvaneciendo. La impaciencia y la desesperación se convirtieron en llanto de niños y en lágrimas de viejos. Hasta que por fin lo vieron aparecer, extenuado, cargando un gran bolsón con piñones de pehuén, que volcó delante de los viejos de las tribus. ¿Qué es esto que traes le preguntaron si no es fruto del árbol sagrado? Bien dices, abuelo. Es el fruto del árbol sagrado que nos salvará a todos. Pero, ¿cómo te atreves, hijo? Deje que le cuente, abuelo y luego decidirán. Después de andar por largos caminos sin encontrar nada para aliviar las necesidades de ustedes, subí por cerros desconocidos, cuando de pronto se me apareció un anciano, de larga barba, de cara blanca y de ojos azules. Alto, de andar a grandes trancos y me dijo: ¿Qué buscas por mis montañas? Entonces le conté de los apuros que estábamos pasando, que j los niños y los ancianos sufrían y que pronto morirían si no ¡ regresaba con algo para salvarlos. ¿Por qué desprecian los piñones del pehuén? --me preguntó. Son frutos del árbol sagrado, duros y creemos que son venenosos. No, hijo, es un alimento extraordinario, me respondió. Pero tienes que hervirlos para ablandarlos y luego asarlos para comerlos. Cada piñón es suficiente para alimentar una familia, Y cuando llegue el invierno los entierran para que el frío no los perjudique y así tendrán alimento todo el año, aunque te falte la caza. Luego de decirme ésto, desapareció en un instante. Y aquí me tienen con este bolsón de piñones grandes que he recogido del suelo, de los muchos que hay en nuestros hosques. Los ancianos reunidos meditaron en la noticia que trajo el último de los enviados. Juntaron a las tribus y contaron lo que ell joven les había dicho y todos estuvieron de acuerdo en creerle. Desde entonces no hubo más hambre y todos los años cosecharon grandes cantidades de piñones que guardaban bajo tierra y se mantenían frescos durante mucho tiempo. Aprendieron también a fabricar con los piñones el chahuí, bebida fermentada. Cada día, al amanecer, con un piñón en la mano o una ramita de pehuén, rezan mirando al sol:"A ti de debemos nuestra vida, y te rogamos a ti, el grande, a ti nuestro padre, que no dejes morir a los pehuenes. Deben propagarse como se propagan nuestros descendientes, cuya vida te pertenece, como te pertenecen los árboles sagrados".


 
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